Dispraxia –el término más comúnmente usado por padres y maestros, aunque el diagnóstico clínico es Trastorno del Desarrollo de la Coordinación– afecta aproximadamente a uno de cada veinte niños en edad escolar. Estos niños a menudo se describen como torpes, descoordinados o descuidados, y la dificultad se atribuye frecuentemente a falta de atención en lugar de reconocerse como una condición neuroevolutiva distinta con un perfil específico.
Las consecuencias se extienden mucho más allá de la coordinación física. La dificultad con la escritura a mano afecta el trabajo escolar. La dificultad al vestirse y el cuidado personal crean batallas matutinas y vergüenza social. La dificultad con deportes de pelota y juegos físicos afecta las relaciones con pares. Cuando la causa no se reconoce, los niños a menudo interiorizan el mensaje de que no se esfuerzan lo suficiente, y la ansiedad y la baja autoestima se acumulan.
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Qué es el DCD
El DCD es definido por el DSM-5 como: desempeño motor significativamente por debajo de lo esperado dada la edad cronológica y la oportunidad para la adquisición de habilidades, que sustancialmente interfiere con las actividades de la vida diaria y la productividad académica; con inicio en el período del desarrollo; no mejor explicado por discapacidad intelectual, discapacidad visual, o una condición neurológica como parálisis cerebral.
La dificultad no es una de fortaleza o sensación sino de planificación motora y coordinación –la capacidad de planificar, secuenciar y ejecutar movimientos voluntarios de manera suave y precisa. Los niños con DCD a menudo saben qué quieren que su cuerpo haga y no pueden hacerlo de manera confiable.
La base neurológica subyacente no es completamente entendida, pero la investigación usando neuroimagen sugiere diferencias en el cerebelo, corteza parietal y las redes que las conectan –regiones involucradas en predecir y corregir errores de movimiento. Amanda Kirby en la Universidad de Swansea y Susan Gibbs han contribuido extensamente a la base de evidencia del Reino Unido sobre identificación e intervención de DCD.
Cómo se Presenta el DCD
En los años preescolares, los niños pueden ser notablemente tardíos en alcanzar hitos motores –sentarse, caminar, y particularmente correr– aunque los retrasos no siempre son pronunciados. Más característico es la persistencia de dificultad de movimiento temprana y progreso lento en el aprendizaje de nuevas habilidades motoras.
En los años escolares, las presentaciones más comunes incluyen: escritura a mano que es laboriosa, ilegible o agotadora de producir (disgrafía); dificultad atrapando, lanzando y pateando; lentitud al vestirse, particularmente con botones y cordones; dificultad con tijeras, uso de regla y otras herramientas de motricidad fina; organización pobre del espacio en una página; dificultad con actividades de gimnasio y educación física en relación a los pares; y fatiga después de tareas que requieren esfuerzo motor sostenido.
Los niños con DCD frecuentemente tienen condiciones coexistentes. El ADHD coexiste en 40-50% de los casos. La dislexia y el DLD (Trastorno del Desarrollo del Lenguaje) también son comúnmente coexistentes. La Fundación Dispraxia estima que el 40% de los niños con DCD tienen ansiedad significativa.
Diagnóstico
El diagnóstico requiere una evaluación estandarizada de la capacidad motora y un juicio clínico sobre el impacto funcional. La Batería de Evaluación de Movimiento para Niños (MABC-2, desarrollada por Sheila Henderson y David Sugden) es la evaluación motora estandarizada más ampliamente utilizada en el Reino Unido. Prueba destreza manual, puntería y agarrar, y equilibrio. Una puntuación en o por debajo del percentil 5, combinada con impacto funcional significativo, apoya el diagnóstico.
El diagnóstico en el Reino Unido es típicamente realizado por un pediatra, terapeuta ocupacional, o fisioterapeuta con capacitación especializada, a menudo después de derivación de la escuela o el médico de cabecera.
Qué Ayuda
La práctica específica de tareas es más efectiva que ejercicios generales. El enfoque CO-OP (Orientación Cognitiva al Desempeño Ocupacional Diario), desarrollado por Helene Polatajko en la Universidad de Toronto, enseña a los niños a usar una estrategia de resolución de problemas ("Objetivo-Plan-Hacer-Verificar") para descubrir independientemente cómo mejorar tareas motoras específicas. Múltiples ensayos han mostrado que CO-OP es más efectivo que el entrenamiento basado en afectación.
La terapia ocupacional enfocada en actividades específicas que el niño necesita hacer –escritura a mano, autocuidado, tareas escolares– produce mejor generalización que el entrenamiento de coordinación no-específico.
Las acomodaciones en la escuela incluyen: permitir tiempo extra para el trabajo escrito, acceso a una computadora portátil para tareas de escritura extendida, exención o modificación de evaluaciones de escritura a mano cronometradas, y alternativas sentadas para actividades que requieren equilibrio y coordinación.
La Fundación Dispraxia (dyspraxiafoundation.org.uk) proporciona recursos para familias, escuelas y profesionales.
Ideas clave
El Trastorno del Desarrollo de la Coordinación (DCD), comúnmente llamado dispraxia, es una condición del neurodesarrollo que afecta la planificación motora y la coordinación en aproximadamente 5-6% de los niños en edad escolar. No es causado por una condición neurológica conocida, discapacidad intelectual o problemas visuales. Los niños con DCD tienen dificultad persistente con el aprendizaje y la realización de movimiento coordinado, lo que afecta las actividades cotidianas incluyendo vestirse, escribir a mano y educación física. La condición se diagnostica utilizando herramientas de evaluación estandarizadas incluyendo la Batería de Evaluación de Movimiento para Niños (MABC-2). La terapia ocupacional utilizando enfoques específicos de tareas (particularmente el Enfoque de Orientación Cognitiva al Desempeño Ocupacional Diario, o enfoque CO-OP) es la intervención más respaldada por evidencia. El DCD no mejora con la maduración sola; sin apoyo, sus consecuencias funcionales y emocionales persisten en la edad adulta.