Cuando un niño empieza la escuela infantil, los horarios de casa y del centro a menudo son muy distintos: allí comen a las 12 y aquí a las 13; allí duermen la siesta a las 13 y aquí a las 14:30; la hora de despertarse varía una hora. Una pequeña diferencia no pasa nada. Si es grande, complica el periodo de adaptación más de lo necesario. Saber qué merece la pena coordinar y qué no ahorra mucha energía.
Healthbooq ayuda a las familias a organizar las rutinas de los días de escuela infantil.
Por qué importa coordinar los horarios
El sueño, el hambre y el estado de alerta de los niños pequeños responden biológicamente a señales horarias constantes. Cuando esas señales coinciden en los distintos entornos, el organismo se ajusta antes. Cuando no coinciden, tiene que reajustarse dos veces al día.
Estos son los aspectos en los que coordinarse resulta más útil:
- El horario de sueño. Si un niño está acostumbrado a dormir la siesta a las 14 en casa y le acuestan a las 12 en la escuela infantil, se le está pidiendo que duerma cuando todavía no tiene sueño. Si suele dormir una siesta por la mañana y en el centro le mantienen despierto toda la mañana, llegará agotado a la comida
- La hora de despertarse. La hora de entrada en la escuela infantil suele ser más temprana que el ritmo natural de la familia. Adelantar poco a poco el despertar antes de empezar evita una batalla diaria desde el primer día
- Las comidas. Una gran diferencia de horarios se traduce en hambre a destiempo y una tarde de irritabilidad
Pasos prácticos
Consigue el horario antes de empezar. Pide al centro su horario diario real y compáralo con el vuestro. Identifica las diferencias importantes.
Cambia poco a poco. Si allí la siesta es a las 12 y en casa a las 14, adelanta la de casa 15 minutos cada pocos días durante las dos semanas anteriores al inicio. Para el primer día, la diferencia será lo bastante pequeña como para adaptarse.
Ajusta la hora de despertarse. Si la entrada es a las 8 y tu hijo ahora duerme hasta las 8:30, ya empieza con el horario desajustado. Adelanta el despertar en pasos de 10 minutos durante un par de semanas. Adelanta también la hora de acostarse: el tiempo total de sueño no debe reducirse.
Pregunta por la flexibilidad. Los buenos centros suelen poder adaptarse a un niño que realmente necesita dormir la siesta un poco antes o después durante las primeras semanas. Pregunta. Conviene saber si un centro no puede adaptar absolutamente nada a las necesidades de un niño de 12 meses.
Lo que no necesita coincidir
Las actividades. Lo que se hace en el aula —asamblea, música o bandejas sensoriales— tiene su propio sentido. No necesitas organizar una asamblea en casa. Precisamente, la escuela infantil ofrece experiencias distintas a las de casa.
La forma de relacionarse. Tú y la educadora de referencia desempeñáis funciones diferentes. No necesitas empezar a organizar los cambios de actividad ni los juegos de grupo en casa como lo hace el equipo del centro.
Todas las palabras y normas. Es útil saber cómo llaman a ciertas cosas —la zona de los baños, el momento de recoger o el rincón de la calma— para que tu hijo tenga un vocabulario coherente. Más allá de eso, el enfoque general de las normas de conducta puede ser distinto.
Cómo facilitar los cambios de cada día
La entrada y la recogida también son momentos de ajuste. Los rituales previsibles reducen el esfuerzo que necesita tu hijo para regularse:
- La misma secuencia por la mañana antes de salir de casa
- Las mismas palabras de despedida en la puerta
- El mismo ritual al recogerle: saludo, abrazo y paseo tranquilo hasta el coche
- Un rato tranquilo para desconectar al llegar a casa antes de pedirle nada
Esto último importa más de lo que suelen pensar las familias. Un niño que se ha esforzado por mantener el control todo el día en la escuela infantil a menudo necesita 20 minutos con pocos estímulos en casa antes de poder hacer otra cosa. Resiste la tentación de interrogarle sobre su día en el coche.
Ideas clave
Coordinar el ritmo del día —sueño, comidas y hora de despertarse— entre casa y la escuela infantil evita que tu hijo tenga que reajustarse constantemente. No hace falta que todo coincida. Céntrate en los horarios a los que responde su cuerpo y deja que las actividades, la forma de relacionarse y los rituales propios de casa sean distintos.