Por qué los niños suelen comer de forma distinta en la escuela infantil y en casa

Por qué los niños suelen comer de forma distinta en la escuela infantil y en casa

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Una conversación habitual al recogerle: «Hoy no ha comido casi nada». Y después, en casa, tu hijo parece comerse la mitad de su peso en pasta. También ocurre al revés: un niño come en la escuela infantil verduras que lleva un año rechazando en casa. Ambas situaciones son frecuentes y, cuando entiendes qué hay detrás, ninguna tiene por qué convertirse en una fuente de estrés.

Healthbooq acompaña a las familias en sus dudas sobre alimentación y nutrición durante la primera infancia.

Por qué comen menos en la escuela infantil

El estrés quita el apetito. El cortisol, la principal hormona del estrés, reduce el apetito de los niños igual que el de los adultos. Un niño que está haciendo un gran esfuerzo por adaptarse a un entorno nuevo puede no sentir hambre a la hora de comer en la escuela infantil, aunque a esa misma hora comería encantado en casa.

Las distracciones. Un comedor con otros ocho niños es lo contrario de una cocina familiar tranquila. Algunos niños, especialmente los que se estimulan con facilidad, están demasiado interesados en lo que sucede a su alrededor como para centrarse en la comida que tienen delante.

La comida desconocida. Los menús de la escuela infantil, preparados en la cocina del centro o por un servicio de catering, rara vez son exactamente iguales a los de casa. Los niños pequeños tienen una predisposición biológica a desconfiar de los alimentos nuevos: la neofobia alimentaria alcanza su punto máximo aproximadamente entre los 18 meses y los 4 años. Una comida nueva en un lugar nuevo resulta doblemente difícil de aceptar.

La dinámica de comer en grupo. Sentarse junto a otros niños, esperar a que llegue la comida, ver cómo los demás aceptan o rechazan alimentos y aprender a usar los baberos y cuencos del aula: nada de esto es automático. Los niños que no conocen esta dinámica necesitan unas semanas para aprenderla.

Por qué algunos niños comen mejor en la escuela infantil

La situación menos esperada —comer mejor en la escuela infantil que en casa— también es frecuente, sobre todo cuando el niño ya se ha adaptado.

El ejemplo de los demás. Es mucho más probable que un niño pruebe un alimento nuevo si ve a otros niños comiéndolo. La influencia de los compañeros en la variedad de la alimentación está bien documentada: algunos niños se comen en la mesa de la escuela infantil un trozo de brócoli que en casa rechazarían por mucho que les ofrecieras a cambio.

El hambre de verdad. Un día en la escuela infantil suele incluir más actividad física y horarios de comida más rígidos que un día en casa. Los niños llegan a la mesa con más hambre que en casa, donde suele haber más flexibilidad para picar entre horas.

Una relación con la comida menos cargada de emociones. En casa, comer puede convertirse en un asunto con mucha tensión: un adulto pendiente de cada bocado o un pulso por una verdura concreta. En la escuela infantil se vive con más naturalidad: llega la comida, el niño come o no come y la educadora sigue con lo siguiente. Para algunos niños, esa ausencia de presión es lo que les permite comer.

Qué puedes hacer

Habla con claridad con el centro. Alergias, intolerancias, restricciones por motivos religiosos o familiares y alimentos que sabes que no le gustan: comunícalo todo por escrito desde el primer día. Pide el menú y pregunta si pueden hacer cambios para atender las necesidades de cada niño.

Pide detalles al recogerle. «¿Ha comido?» solo te da un sí o un no. «¿Qué ha comido?» y «¿Más o menos cuánto?» te dan información útil. Así puedes organizar las comidas de casa en función de lo que realmente haya faltado, en lugar de adivinarlo.

Ajusta tus expectativas durante las primeras semanas. Comer menos en la escuela infantil durante las primeras dos semanas es lo habitual. Ofrécele un buen desayuno antes de salir, prepara una merienda completa para la recogida y confía en que su cuerpo lo compense. Los niños regulan lo que comen a lo largo de varios días, no en una sola comida.

No le presiones en casa para compensar lo que no ha comido. Un niño que ha comido poco en la escuela infantil y recibe mucha presión para cenar suele comer menos, no más. La presión le hace un nudo en la garganta. Ofrécele una buena comida en casa, siéntate con él y deja que coma lo que coma.

Acerca los sabores de ambos entornos. Servir de vez en cuando algunos platos del menú del centro en casa, sin darle demasiada importancia —pasta con la misma salsa o las barritas de pescado que toma los miércoles—, reduce la barrera de lo desconocido en la escuela infantil.

Cuándo conviene prestarle más atención

La mayoría de las diferencias al comer se resuelven a medida que avanza la adaptación. Consulta con su pediatra del centro de salud si pierde peso de forma continuada durante semanas, en vez de simplemente dejar de ganarlo durante un tiempo; si rechaza de verdad tanto los líquidos como la comida; si se atraganta o tiene arcadas que sugieren un problema para tragar; o si muestra un malestar extremo ante las comidas que no mejora al cabo de un par de meses.

Ideas clave

Es muy habitual que los niños coman menos en la escuela infantil que en casa durante las primeras semanas, y también que algunos, una vez adaptados, coman más. Ambas situaciones tienen explicaciones claras. Comunica al centro las alergias y los alimentos que no le gustan, no le presiones en casa para compensar lo que no ha comido y confía en que su alimentación en la escuela infantil suele normalizarse a medida que se adapta.